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Las matriculaciones en masters y postgrados se multiplican por la crisis

Continuar estudiando tras finalizar sus estudios universitarios es cada vez más habitual entre los jóvenes españoles. Al contrario de lo que sucedía hace una década, los licenciados y diplomados ya no encuentran trabajo con tanta facilidad por lo que cualquier conocimiento es bueno para diferenciarse de la competencia.

De este modo, la demanda de masters y postgrados oficiales se han disparado en los últimos años como consecuencia de la crisis económica y las dificultades para encontrar un primer empleo. Según un estudio del Círculo Formación, el 52% de los interesados en cursar un master reconoce haber tomado esta decisión a tenor de la situación actual.

Atendiendo a las estadísticas publicadas por el Ministerio de Educación, el número de inscritos en estudios de postgrado se ha septuplicado en menos de cinco años, pasando de 16.636 alumnos en el curso 2006-2007 a 113.061 (dato provisional) en 2011-2012. En cuanto a la matriculación en postgrados oficiales ha aumentado mucho más deprisa, aunque en el último curso se ha ralentizado como consecuencia del aumento de estudios de master (12%): 9,2% en las universidades públicas y 23,6% en las privadas.

De igual modo la oferta de estos estudios superiores también ha crecido notablemente. Durante el curso 2010-2011, los centros públicos y privados españoles ofrecieron un total de 2.930 masters oficiales, 670 más que el año anterior.

Brindemos por la crisis

No me he vuelto loco ni, creo, me falta sensibilidad para entender que usted puede haber perdido el empleo por la crisis. Que su empresa puede estar pasándolo muy mal. Sé que es muy difícil trabajar más para conseguir menos. En un entorno de incertidumbre y de pesimismo.

Mi invitación al brindis ni siquiera tiene la intención de celebrar el hecho de que las crisis suelen dar a las personas y a las instituciones su valor real. En épocas de bonanza todo se vende, todo vale, todo se permite. Ahora es diferente. Supongo que esta crisis nos permitirá aprender de los errores, hacernos más fuertes, más sabios. Si no lo hacemos, ya no será por culpa de la crisis, sino nuestra.

No. En realidad, mi invitación al brindis tiene otra finalidad. Mas inmediata. Más práctica. Más cercana. El brindis es una celebración de alegría compartida. Justo lo que necesitamos ahora. Lo que nos puede diferenciar. Una celebración que nos puede hacer mas atractivos, más deseables, mas competitivos.

Seamos sinceros: estamos obsesionados por la crisis. Quejas, lamentos, críticas, … Tiempo y energía desperdiciados. Claro que es natural, que nos sale sin querer, que estamos sufriendo. Pero es natural… hasta cierto punto. El punto en que tanta queja nos oscurece, nos frustra, nos convierte en patéticos objetos de lástima.

¿Que no hay nada que celebrar? No estoy de acuerdo. Hemos perdido mucho, sí, pero tenemos muchas cosas más que mantener y ganar, por las que sentirnos felices. Estamos vivos, somos la generación mejor preparada de la historia, tenemos la mejor imagen de marca como país en siglos…

Pero, fundamentalmente, a las personas nos gusta rodearnos de gente positiva. De buenas sensaciones. Por todo ello, siempre que se haga con sensibilidad y responsabilidad, me permito hacerle propuestas de celebración: En su empresa, haga fiestas. Las personas necesitamos alegría (el mejor caldo de cultivo para la creatividad).

Se trata de encauzar nuestra energía hacia la resolución de problemas. Sentir un entorno estimulante

Créame, no hace falta mucho dinero para hacer una fiesta. Si antes las hacía en una discoteca, ahora hágalas en un parque de su ciudad. Si antes era el foie lo que se consumía, use ahora panchitos. Pero celebre.

Si es usted un profesional, en activo o en paro, no transmita sus frustraciones, sus críticas. Si realmente se quiere diferenciar transmita simpatía y entusiasmo.

Si es usted un gestor de personas, limite transmitir sus quejas a sus colaboradores. Simplemente, no las necesitan. Usted es un líder. No deje que su gente le llore. Están perdiendo el tiempo.

Se trata de encauzar nuestra energía hacia la resolución de problemas. Tener mejores productos y servicios, en su país o en el mundo, requiere que nuestra gente sienta estar en un entorno positivo y estimulante.

Así que brindemos por la crisis, que nos hizo mejores, más fuertes y, al fin, más alegres.

Articulo con el que estoy totalmente de acuerdo publicado por Jesús Vega en el diario Expansión.com